
En esta guía paso a paso podrás aprender las necesidades básicas que tiene tu huerto a la hora de plantar nuevas hortalizas como en este caso son lechugas y cebollas. Te contaremos consejos prácticos para que tú mismo puedas empezar tu propio huerto en casa.
Cultivar un pequeño huerto en casa no solo te permitirá disfrutar de alimentos frescos y saludables, sino que te ayudará también a conectar con la naturaleza y comprender mejor cómo funciona, cómo crece cada uno de los alimentos que consumimos.
Preparar la tierra del huerto paso a paso
Antes de sembrar o plantar cualquier cultivo es fundamental dedicar tiempo a preparar el suelo. Un terreno bien trabajado permite que las raíces se desarrollen mejor, facilita la absorción de nutrientes y mejora la retención de agua. Para ello es importante elegir bien la ubicación adecuada para el huerto.
Para seleccionar correctamente el lugar donde se establecerá el huerto debes tener en cuenta las necesidades de las hortalizas que quieras plantar para que puedan crecer y desarrollarse correctamente. Lo más recomendable es elegir una zona que tenga unas condiciones generales:
• Entre cinco y ocho horas de sol directo al día.
• Buena ventilación natural.
• Suelo que drene bien el agua.
• Fácil acceso al riego.
La mayoría de las verduras necesitan bastante luz para desarrollarse correctamente. Si el huerto se coloca en un lugar con demasiada sombra, las plantas crecerán más débiles y producirán menos. También es importante evitar zonas donde el agua se acumule después de la lluvia. El exceso de humedad puede provocar problemas en las raíces y favorecer enfermedades.
Una vez elegida la ubicación, el siguiente paso consiste en preparar físicamente la tierra. Conviene limpiar y descompactar el terreno, para ello la zona donde vas a plantar debe quedar libre de piedras grandes restos de raíces de otras plantas y malas hierbas. Eliminar las malas hierbas desde el principio es importante porque compiten con los cultivos por agua, luz y nutrientes.
El siguiente paso después de limpiar la zona es descompasar la tierra. Este trabajo puede hacerse con herramientas sencillas como una azada, una horca de jardín o un motocultor en superficies más grandes. Hay varias técnicas utilizadas actualmente para descompactar el suelo, tradicionalmente la tierra suele trabajarse hasta una profundidad aproximada de 20 a 30 centímetros lo que permite que el suelo quede más suelto y aireado, facilitando el desarrollo de las raíces de las hortalizas. A pesar de eso existen diferencias en el modo de descompactar, ya que otras técnicas aseguran que no es necesario trabajar el suelo, y simplemente airearlo usando una herramienta especifica puede hacer la función. De todas las maneras este paso debe realizarse ya que cuando el suelo está muy compacto, las raíces tienen dificultades para expandirse, lo que limita el crecimiento de la planta.
Mejorar la fertilidad del suelo
Una vez que la tierra está suelta, es el momento de mejorar su calidad añadiendo materia orgánica.
Los suelos de muchos jardines suelen ser pobres en nutrientes o demasiado compactos. Para corregirlo se pueden incorporar materiales como compost casero o hummus de lombriz. También podrías usar en este caso estiércol o restos orgánicos pero deben estar ya descompuestos.
La materia orgánica tiene varios beneficios importantes en tu suelo, aporta esos nutrientes esenciales que necesitan tus plantas, mejorar la estructura del suelo haciendo que retenga más humedad y, muy importante, favorece la actividad de microorganismos beneficiosos
Lo ideal es extender una capa de unos 3 a 5 centímetros de compost o hummus sobre la superficie y asentarla bien con la tierra usando una azada o un rastrillo. Este paso es clave para conseguir un suelo fértil que permita que las hortalizas crezcan con fuerza.
Formar bancales o líneas de cultivo
Una vez preparada la tierra, conviene organizar el espacio de cultivo. Este paso se podría hacer previo al anterior, es decir, puedes formar los bancales antes de añadir el compost. No te preocupes, aquí te explicamos como hacerlo.
En lugar de plantar de forma desordenada, lo más práctico es dividir el huerto en bancales, lineas de cultivo o surcos o en pequeñas parcelas, lo ideal es que elijas la que mejor te convenga a tí.
Los bancales permiten trabajar la tierra sin pisarla, lo que evita que el suelo vuelva a compactarse. Un ancho habitual para los bancales es de 80 a 120 centímetros, ya que permite llegar al centro desde ambos lados sin tener que entrar dentro del área cultivada. Además, esta organización facilita el riego, el control de malas hierbas y el mantenimiento general del huerto.
Cómo plantar lechugas en el huerto
Las lechugas son uno de los cultivos más populares en huertos domésticos. Crecen rápido, ocupan poco espacio y se adaptan bien a diferentes condiciones. Podrás cultivar lechugas desde su semilla o adquiriéndola ya después en vivero u otra tienda, es recomendable que empieces por esta última, no obstante tenemos otro post donde hablamos de semillas.
Al plantar lechugas directamente en el suelo es recomendable mantener una distancia entre plantas, para que puedan crecer entre 25 y 30 centímetros, enterrando solo la base y finalmente regar el terreno. Las lechugas necesitan un suelo constantemente húmedo, por eso es recomendable regar con frecuencia, sin pasarse, y mantener el suelo mullido y libre de malas hierbas. Dependiendo de la variedad la cosecha se puede realizar entre los 30 y 60 días desde la plantación.
Cómo plantar cebollas en el huerto
Las cebollas son otro cultivo muy adecuado para principiantes. Son resistentes, ocupan poco espacio y requieren cuidados relativamente sencillos, pueden cultivarse a partir de semillas, pero lo más habitual en huertos domésticos es utilizar pequeños bulbos o plantones.
Para plantarlas correctamente, primero haz pequeños agujeros de unos 3 o 4 centímetros de profundidad, después coloca el bulbo con la punta hacia arriba, y finalmente cubre ligeramente con tierra.
La distancia ideal es de 10 a 15 centímetros entre plantas, esta separación permite que los bulbos se desarrollen correctamente bajo tierra. Las cebollas prefieren suelos sueltos y bien drenados. El exceso de humedad puede provocar problemas de pudrición, por eso es mejor regar de forma moderada.
Cuando las hojas comienzan a amarillear y doblarse hacia el suelo, significa que las cebollas están cerca del momento de la cosecha.
